Mi hermana mayor, que siempre me intimida, es una chica guapísima con pechos grandes y una actitud dominante. Finalmente, no pude soportarlo más y decidí inyectarle un analgésico. Su piel se puso rosada, su respiración se aceleró y hasta el más mínimo roce la hacía estremecer: ¡estaba en celo! Entonces empezó a parpadear, a sacar la lengua e incluso a babear, así que olvidé mi resentimiento habitual y la penetré. Entonces empezó a emitir gemidos bajos y vulgares de «¡Ahhhhh!», ¡haciéndome imposible parar de eyacular dentro de ella!