Las rutinas diarias de Yoji y Emiya siempre estaban descoordinadas, y aunque vivían juntos, se extrañaban a diario. Ambos querían ir más allá, pero su frustración no hacía más que crecer. Un día, Emiya reveló su postura al dormir, completamente desprevenida, como invitándolo a pasar la noche con ella. Como era de esperar, Yoji no pudo controlar sus deseos y comenzó a explorar su cuerpo, intentando no despertarla…