Al regresar a mi pueblo natal para buscar un nuevo hogar, me asignaron quedarme en casa de mi hermano. Al llegar, la esposa de mi hermano, una amiga de la infancia llamada Hikari, nos recibió. La distancia habitual me inquietó, y no pude ocultar mi inquietud ante el comportamiento íntimo de Hikari. Aún más incontrolable fue la excusa de Hikari de "relajarse y sentirse más a gusto", donde hacía las tareas del hogar en ropa interior y luego se burlaba de mí diciendo: "Amiga de la infancia, ¿no te emociona ver mi ropa interior?". Finalmente, no pude resistirme a sus nalgas desprevenidas...