Hisayo, una buena amiga de mi madre, venía a menudo de visita. No pude resistir la tentación de sentirme atraído por su belleza y su aura ligeramente melancólica. Una noche, cuando mi madre no me veía, me colé en su habitación, con la única intención de confesarle mis sentimientos. En cambio, oí los sonidos lascivos de Hisayo saliendo de su interior...