Una noche, Mika saludó a su esposo al regresar a casa, solo para encontrarlo abrazado por su hermano mayor, Hideki. Había oído que lo habían despedido y que había venido a Tokio a buscar trabajo, solo para que le robaran la cartera y el teléfono al llegar. Había soportado hambre y penurias para llegar a Tokio. Mika sintió compasión por las repetidas desgracias de Hideki y le mostró preocupación. Hideki se conmovió por la amabilidad de Mika.