¿Cómo podía existir una empresa así? Era una vergüenza absoluta. Su ritual matutino consistía en masturbarse desnudas, por orden del presidente. De la mañana a la noche, emitían gemidos lascivos por toda la empresa. Estas mujeres, bien preparadas, exigían penes sin siquiera ducharse, disfrutando con avidez de los apestosos bultos. Ya fuera en los baños o en las salas de reuniones, siempre estaban teniendo sexo.
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