Rena, más de dos generaciones menor que su esposo, creía vivir una vida despreocupada, pero su única insatisfacción provenía de su vida sexual con él. Se sentía como un pájaro enjaulado, deseando sexo pero incapaz, pues su cuerpo lo ansiaba debido a las fluctuaciones hormonales en su cerebro. La esposa, al límite de sus fuerzas, usó las feromonas de su ano para atraer a los hombres de su esposo, exhibiendo su seductor ano y obteniendo placer de penes que no eran los de su esposo... Las contracciones anales de la esposa fueron el comienzo de la infidelidad...