"Si no hay último autobús, ¿por qué no tomar otra copa en casa?" Esta mañana, deseé con todas mis fuerzas no haber dicho esas palabras... La lujuria del joven se apoderó de mí con arrepentimiento... Unas horas antes, estaba bebiendo con un joven. Por amabilidad, invité a su casa a un joven que había perdido el último autobús. Ese fue el comienzo de la pesadilla. Me emborraché y me quedé dormida... Cuando desperté, no podía ver con claridad. Estaba desnuda, con las manos atadas... Por un momento, no supe qué estaba pasando... Frente a mí había un hombre más joven, riendo mientras grababa mi cuerpo desnudo con su teléfono... Desde entonces, solo pude aceptar con impotencia los innumerables pecados que había cometido...