Un día contraté a una anfitriona, ¡y resultó ser mi antigua compañera de clase! ¡Y hasta era la acosadora que me atormentaba! No puedo creer que haya terminado trabajando de anfitriona. Parecía haberse dado cuenta de que éramos compañeras de clase, pero hoy la clienta era yo, así que después de sacar un fajo de billetes, cedió obedientemente.