En un viaje de empresa lleno de empleadas, yo era el único hombre. Observaba con entusiasmo los cuerpos desnudos de mis compañeras de mayor rango en las aguas termales. Las chicas, inicialmente sorprendidas por mi pene erecto, sintieron un deseo lascivo de abrazarme. Me agarraban el pene a escondidas en el baño o en la zona de desvestirse, evitando las miradas ajenas...