Hibiki y su esposo vivían felices. Sin embargo, un día, un grupo de hombres sin escrúpulos la violó en grupo en el baño de un parque. "Nos acusaron de abuso sexual hace mucho tiempo e incluso nos enviaron a la cárcel", dijeron los hombres mientras la agredían repetidamente. Hibiki no podía contarle este secreto a su esposo; se veía reducida a un juguete cada día, completamente agotada, tanto física como mentalmente. Debido a su depravación física y mental, la llamaron al almacén y le dijeron: "Esta es la última vez".