Un miembro del club se vio obligado a limpiar la sala. Incapaz de controlar su lujuria desbordante, estaba a punto de masturbarse cuando apareció la voluptuosa gerente. Sin inmutarse, le contó chistes subidos de tono y hasta le pidió que le dejara practicar besos, ¡porque aún era virgen! Por supuesto, la cosa no terminó ahí; usó algunas artimañas para que ella le quitara la virginidad.
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